Con respecto a mi dedo gordo, sí, hay quién sabe bien la historia de aquella silla que voló con rabia una decena de metros impulsada por el susodicho. Aquel día aprendí lo que era el orgullo: silencié lo ocurrido para no humillarme ante mi madre, y el dedo gordo roto soldó como le vino bien durante el doloroso mes que siguió al suceso. Como consecuencias actuales, no me puedo meter la chancleta si no me ayudo con la mano, jaja.
]]>Abrazos
]]>Suerte y salud
]]>