Vivir en São Luis

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Esta es la puerta del lugar donde habito ahora. El nombre no rememora ningún evento anarquista ni nada parecido, simplemente es el número de la casa, “el 31″.
La vida transcurre plácidamente y muy despacito. Los días son largos porque a eso de las 8 ya no se puede estar en la cama de calor, así que ya estoy danzando. Y hoy ha sido hasta ahora un día realmente ocupado. Por la mañana he estado en mi primera clase de “percuçao”: buenísima. Una vez más me han puesto en mi sitio, y han quedado en evidencia mis limitaciones rítmicas. Desde luego que al profe le he dicho que partía prácticamente de 0, así que mirara a ver qué podía hacer conmigo. Y me ha dado una pandereta…
Aquí le llaman “pandeiro”, y bueno el nombre dicho así suena bien, sí, pero es una pandereta, hostias. Pero al cabo de un rato he comprendido que tocar la pandereta lo puede hacer cualquiera, pero tocarla bien… El tío me ha demostrado que una pandereta es lo más parecido que hay a una batería completa. Me ha impresionado, la verdad. Así que ahora me tengo que comprar una pandereta, quién me lo iba a decir!

Luego por la tarde he estado en una ruta turística que organiza el servicio de turismo de aquí. Ha estado bien, dos horas dando vueltas por el casco viejo, haciéndolo ameno con actores que hacían pequeñas representaciones en las paradas. En una me he visto obligado a hacerme una foto con la actriz, de ahí la cara de circunstancias… Por cierto, he aprendido que lo de las baldosicas por todas las casas lo hacían para protegerlas de la humedad, y para reflejar mejor los rayos del sol.
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Y ahora falta ver qué me depara la noche. Creo que hay una actuación jazz, a ver qué tal es.

4 comentarios sobre “Vivir en São Luis”

  1. Lady H dijo:

    Pedazo de bella damisela!!! no perdemos el tiempo, no!!! Muy bueno lo de la pandereta, seguro que es todo un arte, pero la primera imagen que me ha venido a la cabeza ha sido la del tipico tuno brincando pandereta en mano, como acabes asi…. te recordare lo mucho que estimas el mundo tunero…jiji

    Respecto a lo de las baldosas tambien ocurre en Cadiz, aparte de los tipicos zocalos andaluces las torres de las casas antiguas las recubrian de ceramica para que el reflejo del sol avisara a los barcos que ya estaban proximos a tierra… a lo mejor como es un sitio costero hay tambien un argumento parecido…anda informate y nos cuentas…

    Que envidia me daaaaaaaaassss!!! Que sigas disfrutando tunero!! 1 bso

  2. chupillo dijo:

    Como ahora tienes todo el tiempo te envío este artículo de un colaborador del periódico (Luis Artigue) que escribe muy bien y que creo que viene
    al pelo para un aprendiz de viajero.

    ¿Cómo te las arreglas con la comida?

    Nueva maravilla del mundo

    Llegar a lo alto del Machu Pichu –uno de los siete enclaves mágicos del mundo, ciudad sagrada construida en lo alto de una montaña en el Perú- no es sólo un viaje sino también y sobre todo una forma de viajar. Llegar y descubrir de pronto, tras la exigente ascensión, esa ciudad fantasma habitada ya sólo por animales casi míticos como la alpaca y la vicuña. Llegar y sentarse estratégicamente en una piedra para leer a Neruda. Sí, llegar como para entender que la belleza, y acaso la poesía, es una vista aérea.
    Allí, en el Machu Pichu, mirando el mundo desde una ventana del templo del Sol, supe que viajar tiene algo que ver con descubrir la extraña y fascinante relación entre el paisaje y la geografía humana. Y, por un instante, quise poder volar. Quise ser un cóndor andino protestando contra la geopolítica con naturalidad. Quise tener por Dios a una montaña y saber sobrellevar la adversidad con alegría. Lugar bello y expuesto. Machu Pichu… Lugar fascinante, filosófico, lírico, casi místico como toda ciudad sin tejados.
    Y es que existe una energía primigenia, sutil, telúrica que brota libremente de la tierra en ciertos lugares mágicos como éste. Los animales lo saben -allí van a morir los elefantes decía José Donoso en una novela estupenda- pero eso no son capaces de percibirlo los turistas. Por eso viajar, más que turistear, tiene que ver con eso, con rebasar fronteras mentales, con ser otro, con volverse pájaro y volar “libre en brazos del aire”, escribió Luis Cernuda… Viajar es también encontrar un lugar donde sintonizar el cuerpo con el alma, y por eso, sí, el buen viajero es aquel que ya ha aprendido a quedarse.
    Dentro de los viajes que bien pueden marcar una cruz en cualquier existencia sensible, está Machu Pichu más por lo invisible que hay allí, que por lo evidente. Qué buena cuenta del poder, del tiempo y del éxito da asomarse a las ruinas de un imperio. Qué buen modo de aprender humildad es el paisaje. Qué buen modo de aprender.
    Si en Lima pude comprender que las ciudades pobres carecen del mal gusto de las metrópolis occidentales -acaso porque el mal gusto es algo que hay que poder permitirse-; si en Cuzco supe que prefiero descubrir a conquistar; si en las islas flotantes del lago Titicaca vi cómo vivían los Uros y en Taquile probé el barro comestible y navegué en canoa, en el Machu Pichu estuve tan cerca del cielo que pude tocar el alma de mis antepasados, y respiré un poema, y escribí que enamorarse de ti, mi indita, ha resultado ser como una de esas ciudades esculpidas en la roca.
    Se viaja hacia lo otro y hacia el otro o si no sólo se aleja uno para estar más cerca. Se lleva el viaje dentro como ropa en la maleta o si no sólo es algo más que poder enseñar a la vuelta.
    En fin, ahora que el verano invita a viajar y a incitar a viajar, cómo olvidar Machu Pichu. Cómo olvidar esa cima en la que fui mortal, esa invitación a ampliar mi mundo… Cómo olvidarlo. Cómo leer mejor el poema de Neruda:

    Entonces, en la escala de la tierra he subido
    entre la atroz maraña de las selvas perdidas
    hasta ti, Machu Pichu…

    Madre de piedra, espuma de los cóndores.
    Alto arrecife de la aurora humana.
    Pala perdida en la primera arena.

    Ésta fue la morada, éste es el sitio: aquí
    los pies del hombre descansaron de noche
    junto a los pies del águila, en las altas guaridas.

  3. jlpueser dijo:

    Hermoso relato, sí.
    São Luis no es el Machu Pichu, pero sí es un lugar que me ha seducido para quedarme a su lado un tiempo; me está enseñando a ser un poco más viajero, un poco menos turista.

  4. jlpueser dijo:

    Lo de la comida, bueno, pues es fácil. Aunque su riqueza gastronómica dista de la gula hispana, se puede comer bastante bien, y también bastante. Hay diversas opciones, pero entre las que más estoy empleando es la de los restauranes “ao kilo”. Son autoservicios en los que te pones lo que te apetece en el plato (la variedad es “otima”, como dicen aquí) y luego te lo pesan. Así que pagas sólo por la cantidad que comes, parece justo. Un buen plato para no quedarte con hambre puede costar 4 ó 5 euros; luego te pides una cerveza (que aquí son de 600cc, qué bestias) que cuesta 1′2 euros y ya vas servido.
    Pero también puedes comer más barato, hoy por ej. he cogido un plato por la calle (hay cienes y cienes de puestos callejeros) y un coco (deliciosa el agua de coco) y me ha salido por un euro y medio…
    Así que los posibles turistas o viajeros que queráis venir por aquí, por el tema comida no paséis pena…