Las hamacas

Hamaca
Siempre que me he encontrado con alguien que hablaba bendiciones sobre las hamacas, no lo podía entender. Me parecían claramente incómodas, incluso peligrosas. Aunque es verdad que nunca había probado ninguna.
Ricardo me ofreció una para mi habitación, y sin mucho entusiasmo y casi por compromiso le dije que vale, que me la llevaba y la probaba.
La colgué, verifiqué que los enganches eran seguros, estuve un par de minutos largos estudiando la forma de subirme a ella sin descalabrarme, y allí que me subí. Tres horas después decidí bajarme, consideré que para la primera vez ya estaba bien…

Parece mentira cómo uno puede vivir tantos años ignorando que existen cosas tan placenteras. Más grave aún cuando además otros trataban de sacarme de mi ignorancia.

También es verdad que tiene su aquel. Usándola he comprendido por qué a los niños se les mece en la cuna o en el carrito para que dejen de llorar. Se le aplica un movimiento de vaivén a la criatura, y al poco ya ha pillado un colocón que la deja frita…
Así que he tenido que practicar hasta encontrar cuál era el vaivén óptimo para adormecerme dulcemente sin llegar al mareo. Y ya le he pillado el punto. Pero, ¿dónde pondré la hamaca al volver?

2 comentarios sobre “Las hamacas”

  1. Lady H dijo:

    Se te ve muy relajadito, pero…tengo una pregunta…la foto te la hiciste tu? quiero decir pusiste el automatico, te subiste rapidamente a la hamaca y te hiciste el dormido? jeje.. si es asi tienes ya un dominio total, no?

  2. jlpueser dijo:

    Sí, tuve que practicar un poquillo al principio para asegurarme de que no iba a salir volando… Pero me estoy adaptando muy bien a todo lo que sea descanso y relajación.