Varios días ya sin escribir nada en el blog… La vida en NOLA resulta cada vez más complicada, esta ciudad te lo pone cada día más difícil para pasar por casa; ayudan bastante las primaverales temperaturas, sin duda.

Así que ahora que la tuna ya ha pasado dejando su estela de buenos recuerdos, voy a presentar aquí a alguno de los personajes que su presencia nos ha permitido conocer. La idea de viaje de Alex y Rafa en su faceta de tunos es localizar todos los restaurantes españoles que se encuentren en las ciudades a su paso, y presentarse en ellos para ver si les dejan amenizar la cena a los comensales y así pasar la gorra. En NOLA hay, que sepamos, 4 restaurantes regentados por hispanos de la península, además de algún otro que se cuelga la etiqueta ibérica pero que lo llevan hispanos del cono sur. Y entre los de nuestra tierra, después de su paso por el “Madrid” (300 Harrison Av, para los que vengáis de visita) al día siguiente fueron al Lola’s, que es el restaurante de Angel, maravillosa persona que lleva en esta ciudad algo así como 30 años, y que consigue con su buen karma que este diminuto local tenga un algo especial que le permite estar lleno todos los días (3312 Esplanade Av). Lola era su madre, es la que se puede ver en la esquina de abajo en la foto. Ángel no solamente acogió de buen grado a Rafa y Alex, sino que también nos adoptó a nosotros que pululábamos por allí siguiendo las peripecias tuneras. Nos invitó a cenar y luego a su casa, y allí entre ron y ron íbamos esparciendo historias en la noche, todo muy apacible, muy familiar, muy como si nos conociéramos de toda la vida. Es lo que tiene el buen karma.

Al día siguiente nos volvimos a reunir todos (con Ángel y también se pasó Marcella) en otro de los restaurantes de españoles. En el 611 de Frenchmen St, escaleras arriba del Apple Barrel, te encuentras con un garito al que si llegas de casualidad sólo te quedarías a cenar por recomendación de terceros. El Adolfo’s, pese a que Adolfo es de Huelva, pasa por ser un restaurante italiano. Adolfo descubrió en su día que la comida italiana atraía a más clientela y no dudó hacerse pasar por transalpino, business is business. Pero la vida de este personaje debe ser sin duda para escribir varios tomos, al menos a tenor de lo que sabemos y de las buenas vibraciones que también se percibían a su lado. Adolfo recaló en New Orleans por casualidad. Tenía unos 20 años cuando estaba viajando por sudamérica y trataba de regresar a España. Es así como se metió de polizón en un barco que iba a Portugal y allí viajó escondido hasta que cuando el barco estaba llegando a puerto, se tiró al mar y llegó nadando hasta tierra firme. Su sorpresa fue cuando se dio cuenta de que la gente que se encontraba por la calle no falaba portugués, si no inglés… Se encontraba en Nueva Orleans. Estuvo unos días intentando encontrar otro barco que fuera, esta vez sí, a cruzar el Atlántico y como no encontraba nada se dirigió a los de inmigración a decirles que se quería volver a España, que lo deportaran. Los de “la migra” no debieron dar crédito ante tal petición, alguien que se había colado en su fantástico país de las oportunidades y que prefería largarse, y pasaron de él. Y hasta hoy, treintaitantos años después, aquí sigue. Y entre Abitas (una agradable cerveza local) rones y absentas, este incalificable personaje (adorable, eso sí), nos iba contando historias una tras otra hasta que el cansancio del largo día y el nivel de alcohol en sangre de algunos (pertenecer a la tuna no garantiza inmunidad frente al alcohol, jeje) puso punto final a la agradable noche. A otros, el alcohol no nos permitía hacer mejores fotos…

Al día siguiente la tuna siguió haciendo ronda por los lugares conocidos así como por otros nuevos, y la noche la volvimos a acabar en casa de Ángel, tras una nueva invitación a cenar en su acogedor restaurante, y esta vez con la compañía de Chanell, buena amiga de Ángel, una mulata de la que me voy a abstener de hacer comentarios por no meterme en un jardín del que no sabría cómo salir…
Por cierto, si alguno se ha visto el capítulo de “Españoles por el mundo” en Nueva Orleans (de la TVE), la Sevillana jovencica que sale hablando de su tío, es precisamente la sobrina de Ángel.  Uno que también sale en la secuencia del restaurante al lado de la sobrina, es su hijo, al que Ángel “por fin” ha conseguido echar de casa, decía, jaja…

El lunes por la mañana Alex y Rafa siguieron su camino. Sólo tenían pensado estar en NOLA dos o tres días, y se han quedado casi una semana… Ahora van hacia el oeste, tienen un largo camino por delante y miles de interesantes historias por vivir, seguro. ¡Qué envidia!