El paquidermo y la niña mendiga
Por BAKU .
Deja que te describa la calle principal de Haridwar. Imagina una calle larga, a cuyos lados crecen otras en su mayoría menudas y con final abrupto de cenagal, salvo en su segunda mitad y en la parte derecha según la subes (subir es un suponer, pues es llana; subir de encarar desde la estación de buses y trenes sería mas apropiado), en la parte que da al río, donde otra ciudad azafranada (color dominante en los peregrinos que deambulan a todas horas) convive paralelamente retroalimentándosen ambas.
En esta calle que damos en llamar principal hay toda suerte de tiendas. Como bazares, si así logro explicarme mejor. Casi todos abiertos a todas horas, casi todos diminutos. Entre estas cercas de comercios pululan sin orden hombres, mujeres (siempre menos), perros (¡pero cuántos perros hay en este país! Gatos apenas), vacas y demás. En ese demás véase tullidos, cuerpos que se desplazan sobre improvisadas tablas con ruedecillas y usan sus manos sobre el asfalto para empujarse y que apenas levantan un metro escaso del suelo, niños y niñas a destajo, andrajos@s, ya por mendigos, ya por trabajadores explotados. Dato: la mitad de la población de la India tiene menos de 25 anos.
Este barullo se acompaña de bicis de dos ruedas, de tres con pescante trasero para personas o cosas, de carritos multifunciones de 4 ruedas, ya fijos como puestos de ventas, ya ambulantes, de motos, de motocarros a tutiplén, de autos, camionetas, y hasta algún camión o autobús. Bueno, de todo lo posible. Puede dominar la escena un cortejo informe de peregrinos azafranados, un grupo de jóvenes ruidosos, una familia, lo que sea, siempre y cuando se respete el riguroso desorden y se mantenga el nivel de decibelios.
Y es en este maremagnum donde vemos que se incorpora desde una calle lateral un paquidermo. No es que fuera la primera vez que veíamos uno. Ya en Varanasi, pero era parte de un desfile que se anunciaba como circo. Incluso en la misma Haridwar el día anterior, pero iba con su cortejo de acompañantes por delante y por detrás (arriba, un hombre de unos 60 años, bien vestido, esparcía flores y saludaba a la concurrencia, la cual lo aclamaba; no logramos saber qué encerraba aquello, pero desde luego el personaje no era un don nadie). Esta vez el elefante va solo; bueno, con su conductor, quien se vale de una especie de vara metálica acabada en dos puntas, una cual flecha, la otra en semicírculo, ambas acabadas en punta. Ya imaginamos que la piel del animal bien merece tal pincho para enterarse de las órdenes. Pero solo, sin nadie por delante ni por detrás. Como otro elemento más en el tráfico.
Y como tal actúa: su conductor decide parar, baja por la pierna delantera derecha, y entra en un establecimiento. Entretanto, el elefantote (no habíamos dicho que no era un poni precisamente, sino un animal talludito, un señor elefante, vamos) no se queda inmóvil; mueve sus patazas, se ladea, parece buscar alimento. En fin, lo típico de los elefantes. A los minutos, sale el hindú y esta vez sube por la trompa ayudado por el animal. Y siguen su curso, esto es, entre el marasmo de personas, animales y vehículos. Y lo vemos alejarse en lontananza.


Quedamos más que sorprendidos, como podrás imaginar. !Qué espectáculo! Desde luego, sorprendente, exótico como pocos, fabuloso. Tan admirados quedamos que tardamos en caer de nuestro burro particular (!Saulo, Saulo, por qué me persigues!) y percatarnos del peligro manifiesto que para las gentes, obviamos vehículos y animales, ha supuesto la aparicion del animalillo andarín. Su ángulo de visión limitado, su poca precisión a la hora de posar las patazas en tierra, su peso, su todo es un peligro más fabuloso aún que su aparición.
Hasta hoy no le había puesto cara, pero llevo dos dias topándome con una de esas miradas de ojazos poderosos que solo en este país he visto en tal cantidad, unos ojos que parece que van a explotar dentro de las caras, que te pueden cuando se te fijan y has de evitarlos para no estar perdido. Los ojos de una niña mendicante atrapada seguramente por su casta y por su familia que la obliga a mendigar (su madre está en el mismo radio de acción), pero viva y vivaracha. Es que no puedo dejar de verla bajo los cuartos traseros del paquidermo. A la niña debajo y al resto que, ciegos, solo se percatan de ella para recoger la masa de carne que queda despanzurrada en el paviento acuoso y maloliente, mientras el elefante indio sigue su camino, como una enorme metafora…
Agosto 21st, 2008 at 16:19
Jolín Baku qué final más triste!!! Tan pausible ves que pueda suceder algo así? bueno por lo que vais contando imagino que sí…
Como ya sabréis en España estamos viviendo muy tristes momentos, ya son 153 víctimas, familias enteras, muy triste y doloroso para tanta gente, joder qué joía es la vida…
Espero que tengáis un buen final de viaje!!! Y la niña Aupa no nos cuenta nada u qué?
Agosto 22nd, 2008 at 18:37
Y otra vez yo…
¿Dónde está la gente del foro? ¿Ha habido una escapada colectiva a la India?
eyyyy…yujuuuu…que esto se acaba y no son maneras….
Agosto 23rd, 2008 at 19:07
Sí que hemos seguido con tristeza lo del avión, es duro.
Y por aquí seguimos con el blog medio abandonado por lectores y escritores (lo segundo es aún más grave…). La verdad es que es todo tan intenso que cuando entramos en internet sólo da tiempo a leer y contestar los correos. Tenemos multitud de anécdotas e historias para contar, pero no veo la ocasion para hacerlo. Algo se intentará. Pero bueno, a la vuelta, con unas buenas cervecillas en la mesa, se podrán pasar buenos momentos.
Por cierto, hace media hora se han marchado hacia Mumbai Cris e Ignacio. Cogen el avión el 25 y ya no les qudaba tiempo para más. Baku y yo nos hemos quedado en Udaipur a apurar los últimos días por aquí. Todo es un poco triste ahora, han sido unos días inolvidables juntos, pero nos volveremos a encontrar pronto frente a un plato de tomate con sal, ajos y aceite del Bajo Aragón…