Varanasi

Varanasi, por cuyas venas fluye el Ganga (sí, eso, el Ganges), condensa todo lo que la India nos ha ofrecido hasta ahora, más el plus de su unión con lo sagrado.
Multitud de descripciones de Varanasi, normalmente tan emocionadas como consternadas, se han adelantado a la mía, pero no por ello voy a dejar de ofrecérosla. Con respecto a lo primero, a su sintésis de lo vivido hasta hoy en este viaje, Varanasi son olores, olor a perenne cilantro, a humedad pegajosa, a fritanga insalubre, a impenetrable humo de coche, a basura corrompida, a boñiga recién servida, todo ello con el mántrico bordón del olor a orines humanos. Varanasi también son sonidos, las hirientes bocinas de los buses y camiones, los impacientes claxons de los coches, los cansinos pitos de los auto-rickshaws y motocicletas, los permanentes timbres de las bicicletas que suenan con el paso de los radios, los agotadores “hello, hello, where are you from”, y el bullicio incansable de una multitud que inunda las calles. Y Varanasi también te entra por los ojos, y así puedes ver (y pisar) a cada paso la basura que es elemento fundamental del suelo de sus calles, las mierdas dejadas por la vacas, los búfalos, los burros, los perros y los humanos, el barro que forma un peculiar adobe con todo lo anterior, el tráfico inhumano del que los humanos forman parte como si de un vehículo más se tratara, la ruina inmemorial de todos sus edificios que sugieren que jamás tuvieron una niñez; también hay vacas, infinitas vacas, vacas que dormitan en mitad de la calzada, vacas que se comen sus propias mierdas, vacas que también se comen las basuras, vacas de ubres secas que te miran como preguntándote qué coño están hacieno ahí.
Y también se ven seres humanos sin nombre, quién sabe si con algún pasado pero seguro sin ningún futuro, seres que han perdido la humanidad, que duermen en el mismo lugar que mean, cagán y piden unas monedas cada día, serés que te hacen apartar la vista porque no resulta sencillo afrontar tanto dolor, y los niños, también ves a los niños, niños que aparecen como rebaños, niños que el primer gesto que aprenden es a estirarte el brazo, y sus primeras palabras “one rupi, one rupi”…


Y luego Varanasi, además de todo lo citado que representa a la India que hemos conocido, nos ofrece ese plus de lo sagrado, ciudad en la que todos los hindús que van a morir, desean morir. Y así te encuentras con los “ghats” donde se comercia con la madera que servirá para quemar a los muertos, madera que has de comprar allí obligatoriamente, y que pagas a tanto el kilo y regatean hasta en eso, con la esperanza de que lo comprado alcance para quemar completamente el cuerpo del familiar. Y al mezclarte en una de esas ceremonias, te encontrarás por un lado con los buscavidas que comercian con la muerte y con los sentimientos para sacar a los turistas tremendas cantidades de dinero, apelando al terrible dolor de la muerte, y por otro lado, observando más detenidamente, te puedes quedar abstraído durante horas observando cómo los cubos de cenizas humanas van entrando en el Ganges llevados por una cadena humana, y cómo el último miembro de la cadena va pasando por el cedazo las cenizas, removiéndolas cuidadoso con sus manos, buscando algún diente de oro, algún anillo, o cualquier objeto de valor que el muerto les haya regalado… y por la mañana, en esas aguas, en ese río en el que se vierten todas las cloacas de la ciudad y las de las ciudades rio arriba, los animales muertos, y esos seres humanos muertos a medio quemar, los seres humanos muertos convenientemente quemados y convertidos en cenizas, todas las basuras que han llegado hasta sus aguas ayudadas por esos seres cuando están vivos, y todo eso mezclado con un barro que permite maquillar la macabra amalgama, allí puedes observar al amanecer las abluciones, gente de todo tipo y condición sumergiéndose en esas aguas sagradas…

En cualquier caso, y aunque todavía no hayamos tenido la suerte de haber sido iluminados para entender este tipo de espiritualidad que nos ofrece la India, seguiremos buscándola en los próximos días.

6 Responses to “Varanasi”

  1. Aupaedurne Says:

    Uf, es la descripción más deprimente -aunque bonita y bien escrita- de todas las q he leído de Varanassi. Me reafirmo en mi idea de no pasar por ahí nada más llegue a la India.

  2. franteus Says:

    Ey que tal Jose Luis. Ya veo que no estas perdiendo el tiempo por esos lares. Cuanta miseria, pero una cultura bien diferente ala nuestra. A tener cuidado. Saludos

  3. manolo Says:

    Son increibles las condiciones en las que puede llegar a vivir la gente, y nosotros nos quejamos si nos cortan internet durante unas horas.
    Afortunadamente estamos demasiado acostumbrados a darle al interruptor y que se encienda la luz, o a girar el grifo y tener agua limpia.

    Hace poco vi sentada en la puerta de una iglesia en el Coso a una abuelita con la cara curtida y arrugada por el sol y la prótesis de su pierna sobre las escaleras pidiendo con la mano estirada y con la cabeza agachada. Un montón de gente pasó a su lado sin siquiera mirarla, como si no existiese. No me imagino una ciudad llena de esto.

    En fin, supongo que ya estaba un poco depre por que estaba escuchando “Abrazado a la tristeza” con los versos de mi tocayo Manolillo Chinato y justo he empeado a leer el post. A sido una mala mezcla. Os dejo el video por si queréis verlo.
    http://www.youtube.com/watch?v=Vfl5ZR4ONFs

  4. Vanessa Says:

    Que situacion mas angustiosa, me ire a la cama con dolor de corazon!! ni espiritualidad ni leches!! miseria….

  5. Quetedenblog Says:

    Yo creo que tras la crudeza que tu descripción nos transmite hay aún una realidad más dura. Dudo que se pueda viajar a esa ciudad movido por inquietudes ajenas a lo espiritual. Ni el turista más morboso puede salir indemne de esta visita.
    Prepárate Aibadeái, digo… Edurne.

  6. meritxell Says:

    Ya te comenté creo, q estuve en India hace un par de años. Creo q cada persona q viaja a ese país tiene una visión particular del tema. Tal vez es el país q más emociones y experiencias diversas genera de los que yo he visitado. En mi caso, recuerdo q cuando llevaba más o menos una semana allá decía q si me ponían el avión delante, lo agarraba de regreso!! Y ahora ya estoy pensando en cuando volver y conocer otro pedacito..
    País chocante, de contrastes, a nadie deja indiferente. Y recuerdo también, leyendo tu relato, la impresión de Vanarassi, ciudad Sagrada!! Suciamente sagrada como ya has visto, aunque en general, India no destaca por la limpieza. Y miles de personas. Qué digo, millones de personas en todas partes. En la vida habia visto tanta gente junta! Das una patada y sale gente! Allá donde crees q estas solo sigue saliendo gente y más gente… Para mi es el país de los buscavidas, del ingenio de la supervivencia. Y cierto, hay q cambiar el chip pq con nuestros parametros mentales, es imposible entender ese mundo, tan distinto. Distinto pero yo, creo, y ahora tal vez filosofo un poco en voz alta, que lo q tanto nos choca o sorprende o enoja o… de lo q allí se ve y se vive, es aquello q acá nos produce las mismas sensaciones pero como no lo vemos o no queremos verlo…. “ojos q no ven corazón q no siente”! Pero allá no hay otra, te das de morros con toda la miseria, la injusticia, el conformismo de esa religión….

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