
Como el domingo ya había dado un paseo por Damasco, el lunes tocaba irse fuera, y elegí la “misteriosa”, como dice la guía, Bosra. La verdad es que no le vi el misterio por ningún sitio, pero si que es cierto que merecía la pena la visita. Para los expertos en geología que leen el blog (hay más de uno), diré que las piedras de la ciudad son de basalto negro (todas las barbaridades que pueda contaros al respecto o en lo que toca a historia y esos asuntos, se lo reclamáis directamente a los de lonliplanet, please). Esta ciudad ya existía 1300 años antes de cristo, y luego se convirtió en paso obligado de las caravanas que circulaban entre Amman y Damasco. Los romanos la llegaron a nombrar capital de la provincia de Arabia, y dejaron su huella como podéis ver en las fotos. Pero aún tiene otro interés más para los libros de historia. Al parecer, fue en esta ciudad donde a Mahoma, que pasaba por aquí en una de las caravanas de su tío, le fue revelado por cierto sacerdote que él iba a ser el profeta. Luego, ya sabéis que los profetas también saben dejar su huella… Bueno, y vale de clase de historia, a ver si después de haberla suspendido repetidas veces en mi aciago paso por el instituto, me voy a creer ahora que sé algo…

El paseo por la ciudad fue de lo más tranquilo y sosegado, sólo interrumpido en un par de ocasiones cuando los vendedores de monedas me acosaron casi hasta la desesperación (la mía y la suya). Al parecer el turismo ha bajado mucho y cuando asoma un turista se lanzan a por él a degüello. Les expliqué que eso de la crisis parecía que era cierto, que en Europa estábamos muy jodidos y que era normal que hubiera bajado el turismo. Pero claro, yo les explicaba estas cosas con mi super cámara fotográfica en mano, y algo no les cuadraba, así que insistían e insistían… ¡pero es que a mí no me gusta coleccionar monedas! Al final acabé comprando una flauta de caña de río, los instrumentos musicales me tiran más.

El colofón a la visita lo puso la comida, la hice en un lugar que no quedaba claro si era una casa particular o un proyecto de bar-restaurante, no sé, la cosa es que los tipos que andaban por allí me cayeron simpáticos y cuando me dijo el dueño que me podía preparar algo si me apetecía, le dije que bien, que de acuerdo. Llamó a voz en grito a su mujer y le dijo que me hiciera un poco de todo. Mientras me la preparaban, entablé conversación con Muhammed, un tipo muy majo, sastre de profesión pero que ahora se dedicaba a cobrar el aparcamiento a los turistas. No sé cómo lo hacía porque no sabía ni una palabra de inglés, pero se las apañaba el tío. Para empezar la conversación con él, usé precisamente las tácticas árabes y directamente le pregunté si estaba casado, que dónde estaba su mujer, que cómo se llamaba ella, que si tenía hijos, que dónde estaban los hijos, que si después de haberse separado quería tener otra mujer… Vamos, que de entrada lo dejé en fuera de juego, jeje… de ahí pasamos a charrar amigablemente de política, religión, viajes, trabajo, de la crisis… de todo menos de fútbol. Eso sí, imagino que si alguien nos hubiera escuchado no habría dado crédito. Y yo tampoco doy crédito, sigo sin entender cómo pudimos hablar tanto rato con las escasas 300 palabras que como mucho debo manejar de vocabulario… me doy cuenta de que cada día me parezco más a mi padre, esto de los genes al final va saliendo. La comida fue espectacular, ensaladas varias, arroz, humus, berenjenas, patatas, pan… todo en tales cantidades que con un solo plato de cualquiera de las cosas, hubiera sobrado. Buf, ya llevo varias experiencias alimenticias casi traumáticas, estos sirios son como los vascos, en cuestión de comida todo les parece poco… Cuando terminé con todo haciendo un doloroso esfuerzo gástrico (no me gusta tirar comida, qué le voy a hacer) Naser (el dueño) vino todo preocupado a preguntarme que qué más quería… creo que mi mirada de desesperación fue muy elocuente, menos mal. En la foto Naser en el medio, su mujer y a la sazón cocinera Imán y el sastrecillo Muhammed.

Y tras un último y leeento paseo por la ciudad intentando digerir algo, cogí el bus de vuelta a Damasco. Había sido un día placentero y agradable, pero ya tenía ganas de llegar a mi colchón y descansar. Aunque el día todavía me tenía reservado algún asunto que tratar…
Al llegar a la estación de autobuses de Al-Samariyeh busqué un 15 ó un 21 (que ya me lo había aprendido por la mañana) para volver al centro de la ciudad, a la plaza Al-Merjé. Llegó un 15 enseguida, me subí y como era el inicio de línea, ahí estuvimos un rato parados esperando a que fuera el momento de salir. Desde la ventana del bus se veía la luna llena preciosa, y pensé que era un buen momento para poner a prueba mi flamante teleobjetivo. Me quedé pegado a la ventana acercando todo lo más posible la luna hasta mí, una foto, ahora le cambio el diafragma, otra foto, ahora le pongo más velocidad al disparo, otra foto… al rato el bus se puso en marcha. Ya no podía hacer más fotos así que me puse a mirarlas; el bus se detuvo enseguida, imaginé que era una parada para subir gente y seguí mirando las fotos. Pero me percaté de que el bus llevaba parado demasiado rato, levanté la vista y vi con sorpresa que el conductor estaba fuera rodeado de unos militares. Me quedé observando y empecé a rumiar pensamientos…
“pero ¿qué habrá hecho este tío? Joder, yo aquí encantado con la luna y no me he enterado de lo que ha pasado… mmmh, mira, ese del subfusil, tiene la culata reparada con cinta aislante… cinta aislante amarilla… hay que ver cómo está el ejercito sirio… y el conductor ahí discutiendo… pues el subfusil ese es una buena foto… sí, con una buena ampliación de la reparación cutre esa… pero joder, ¿y si se dan cuenta? después del lío en el que estuve a punto de meterme ayer… pero bueno, no están mirando, están ahí acalorados con el conductor, no se van a dar cuenta, la foto es buena, sí… mmmh ¿y si me pillan? joder, joder, la puedo cagar, vete a saber lo que se les puede ocurrir a esta gente si ven que les hago la foto… hala, va, déjate de tontadas, no vayamos a cagarla por una memez de foto… ¡hostias!, se llevan al conductor hacia dentro cogido del brazo… pero ¿qué habrá pasado? buf, qué raro es todo esto…”.
Al cabo de unos minutos salió de nuevo el conductor llevado del brazo por el mismo tipo, que iba vestido de paisano. Continuaron hablando unos instantes y por fin el conductor subió al bus, lo puso en marcha y comenzó a rodar lentamente. Yo seguía con la cabeza pegada al cristal tratando de averiguar qué había podido ocurrir, y vi al tipo que había llevado del brazo al conductor, que se había puesto a trotar al lado del bus siguiéndolo a la par, y seguí rumiando… “vaya vaya con el tío este, está cachas… y es guapillo, todo repeinado, la camiseta marcando paquete muscular… estilo italiano el cabroncete… este debe ser el típico latin-lover sirio… pero ¿y dónde coño va siguiendo al autobús? no hay quien entienda a estos sirios…”.
De pronto el autobús se detuvo junto a lo que parecía la puerta principal de un cuartel militar. En el suelo, unas tiras de esas de pinchos para que no pasen los coches, junto a las tiras de pinchos, un rollo de esos de alambrada, detrás, franqueando la puerta, varios militares armados… entonces, el latin-lover subió al autobús, se dirigió directamente hacia mí, y me dijo:
-Come with me.
El pulso se me aceleró, los ojos se me abrieron como platos y le dije,
-What?
-Come with me, please.
-Me? Why? What’s the matter!!
-You were taking pictures. This is a military area. Come with me, please.
-Pictures? But I was taking pictures of the moon! Only the moon!! Oh, look, look here!
Yo intenté enseñarle la cámara pero el alargó el brazo para cogerme e insistió,
-Come with me.
-No, no! I was taking picutes of the moon, please, listen to me!
-Please, come on.
Comprendí que la cosa podía empeorar en cualquier momento y me levanté. Me cogió del brazo y salimos fuera del bus. Mientras andábamos, yo seguía insistiendo, tratando de poner la cámara en marcha con el brazo que tenía libre,
-Oh, listen to me, look, look, it was only the moon, look here please, only the moon…
El bus se puso en marcha de nuevo y salió, esta vez definitivamente. Los militares armados estaban a unos metros, mirando serios sin decir nada. Se acercó otro de paisano y me pidió el pasaporte. Yo le intenté explicar lo mismo, pero no me hacía caso, sólo estaba interesado en el pasaporte. El primer tipo me dijo que me calmara y empezó a hacerme preguntas (seguiré en spanish…).
-¿Por qué hacías fotos? ¿no sabes que no se pueden hacer fotos a las instalaciones militares?
-¡Pero si yo no sabía que esto eran instalaciones militares! ¡Yo sólo estaba mirando la luna y no veía nada más!
Mientras tanto, el iba pasando las fotos una a una. Comenzó desde el final, vio todas las fotos de la luna que había disparado y ya llegaban las de Bosra. Y yo le iba diciendo,
-¿Ves?, no hay nada, sólo la luna… ahí están las de Bosra…
No parecía tener mucho interés en escucharme. Siguió pasando fotos hasta encontrar las primeras del viaje. Le expliqué que eso era Italia, ahí estaba Roma, esas otras eran de Pésaro, esa es mi amiga Simona… Fue pasando una a una, preguntando de vez en cuando, y en una de ellas se detuvo y me comentó que esa era una foto peligrosa… La miré sorprendido. Es esta foto que he puesto aquí.
La hice el día anterior cuando estaba cerca de las antenas. Yo estaba entendiendo que era peligroso para mí hacer una foto a una pareja sin que ellos se dieran cuenta, no sé, como si fuera algo ilegal, como si fuera contra le ley islámica o la civil o la que fuera, y ya no sabía qué decirle, le intenté explicar que me parecía una imagen romántica, la parejita ahí mirando el paisaje, y el insistía en que era peligroso… por fin me di cuenta de que se refería a que ellos estaban en un ripio peligroso, que podían caerse, buf… Siguió pasando todas los fotos hasta que por fin llegó de nuevo a las de Bosra y las de la luna. Me miró sonriente para que me tranquilizara, me devolvió la cámara, y me dijo que no me preocupara. Apareció el del pasaporte junto con otro más de paisano y se pusieron a charrar los tres conmigo. Me dijeron que lo sentían, pero que comprendiera que era su trabajo. El conductor del autobús les había avisado de que yo andaba haciendo fotos a las instalaciones militares y ellos tenían que intervenir… Les pregunté, ya más relajado, si había muchos problemas de seguridad en Siria, y me dijeron, -No, casi ninguno, gracias a nosotros, jajaja… Me devolvieron el pasaporte, me sacaron a la carretera, dieron el alto al primer microbus que pasó, y le dijeron al conductor que me tenía que dejar en la plaza Al-merjé. Les dije adiós, hice una respiración profunda, y me quedé absorto mirando la luna desde la ventanilla. Nadie en el microbus hizo preguntas.


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