Hemeroteca del 5 Julio, 2009

Después del día de reposo tras la llegada, tocaba abandonar la seguridad de la guarida-hotel donde los tres hermanos que lo regentan hablan bastante bien inglés y los huéspedes, mochileros-alpargateros como yo, no solo hablan inglés, también algunos le dan al español con acento murciano…

Así que como quería ir a la estación de autobuses a mirar horarios para Palmira y otros lugares, pues tenía dos opciones: ir a pata plano en mano los 3 ó 4 kilómetros a los que se supone que se encuentra, o tratar de ir con transporte urbano. Así que como para ser un cobarde siempre hay tiempo, el plano al bolsillo y hala, a preguntar qué bus coger para ir a la estación, a ver si sirve de algo un curso entero de árabe...

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Enseguida he comprobado que las lenguas bárbaras como el inglés no son muy habladas en la calle. Y también he advertido que tampoco son muy dados a poner letreros en otro lenguaje que no sea el suyo… Véanse en las fotos las indicaciones que figuran en lo alto de los microbúses… .

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Alguno me diréis “pero si tú ya sabes árabe!…” -je, que yo sé árabe, jejeje…-.

Sabía por la “lonliplanet” que la estación se llamaba algo así como karajat harasta, y bueno, a preguntar toca. La primera intentona ha sido con todas las de la ley, metiendo la cabeza en el microbús y soltando: “anaa uridu an adjaba ila karajat harasta, min fadlika”. La cara de perplejidad del autobusero no sabía yo lo que significaba -¿me habrá entendido y está emocionado al ver que un extranjero habla tan bien su idioma? ¿no ha entendido una mierda y se está preguntando de qué planeta vengo?… Antes de que se pudiera crear un incidente diplomático, saco mi cabeza de allí y la meto en el siguiente microbús simplificando bastante la frase, “karajat harasta?”. El hombre, muy amable, me empieza a hablar y por el tono entiendo que me hacía preguntas y yo allí con mi cara de perplejidad similar a la del autobusero anterior, balbuceando sonidos inentiligibles… Así durante 10 minutos de microbús en microbús, hasta que ya estaba a punto de subirme en uno en el que entablé una fluida conversación con el chófer, algo así como lo siguiente (el chófer va en cursiva): -karajat harasta? -harasta? -Naam (quiere decir sí), harasta karajat. -bla bla bla karajat? -naam, karajat harasta. -bla bla bla harasta? -naam, naam, harasta, harasta karajat. -bla bla bla harasta bla bla bla… y por los gestos entendí que me hacía subir, cuando entonces una joven mujer árabe que estaba sentada dentro y había seguido nuestra amena conversación, me dice “Excuse me, where do you want to go?” Buf, ¡qué emoción!, casi se me saltan las lágrimas… Lo que estaba pasando es que ese bus iba a un pueblo llamado Harasta, pero no a la estación de nombre Harasta. Y me explica además la joven que Karajat significa precisamente “estación”… bendito inglés. Para redondear la ayuda, me escribe en un papel lo que debe poner en el letrero del microbús, y me dice que se lo enseñe a los conductores hasta que dé con el bueno. Ah, y que cruce la calle, que van en la otra dirección…

Lo de enseñar el papelico daba como resultado que los conductores, ambilísimos como todos los anteriores, me decían un montón de cosas, supongo que algo así como “este bus no es, y bla, bla, bla…”. Bueno, quedaba una opción, mirar lo que había escrito la chica y tratar de identificarlo en los buses. Fácil decirlo, pero la joven lo había escrito con una caligrafía que yo no sé si será tipo médico, como pasa en nuestro país (perdón, Rafa, jeje), o qué, pero no me sentía capaz de identificar esos símbolos. Pero joder, todo el año, estudiando árabe, ¿qué iba a pensar mi mualima (profesora)? Tantas veces repitiéndonos que debíamos aprendernos las palabras como haciendo una foto de ellas, intentando visualizarlas como un todo… y bueno, nuevo intento, a mirar el papel de nuevo tratando de quedarme con las palabras como si fueran un dibujo y comparándolas con los microbuses… y ¡por fin! un bus con un letrero que se parecía a lo del papel! Se lo enseño al conductor y sí, ¡era ese!

Con el rato que me había llevado esto, ya habría llegado andando y habría vuelto, pero esto había sido mucho más divertido. Pero vaya, ahora hay que pagar, ¿cuánto me ha dicho? Le pregunto otra vez, y otra… ¿pero qué diablos está diciendo este hombre?!! aaagghhh!! bueno, a lo fácil, saco un puñado de monedas y se las enseño al que iba a mi lado, coge dos y se las da al conductor, pero, ¿cuáles ha cogido? ¿cuáles??? Mierda, ya no sé cuánto es para la vuelta, ya verás luego, otra vez lo mismo… pero, ¿la vuelta? ¿y qué microbús tendré que coger para la vuelta??? Diosesssss…

Sé que he llegado a la estación por que me hacen bajar del bus, qué majos… Ahora ponte a buscar horarios para Palmira, para Homs, para Bosra… Todos los carteles en árabe, claro. Pero bueno, aquí es más sencillo, la ayuda llega sin pedirla, desde todas las agencias me lanzan gritos diciendo “¡Palmira, Palmira!” Es un destino turístico y yo debo tener pinta de turista, así que esta fase del juego resulta facilita. Aún así, para tener una idea clara de los horarios, habrá que esforzarse un poquico, y si no, vease en la foto el horario que me han dado… Y entonces me pongo a pensar, “vamos a ver, debe haber como unas 20 compañías distintas que van a Palmira, ¿cómo diablos sabré cuál de los buses entre los muchos que se ven en la estación, es el mío?… hala, olvídate, y deja de sufrir ahora por lo que aún tiene que llegar…”..

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Y ya me iba a vivir el trauma de la vuelta a la ciudad cuando un joven se me acerca para darme conversación, -Where are you from? (Mmmhh, el bendito inglés, qué bien…). -From Spain. -Oh, Spain, do you like Barcelona football team? … Me ahorraré contar aquí la interesantísima conversación que sigue a este prometedor comienzo. Pero fue útil, cuando el tema futbol ya había dado todo de sí, aprovecho para sacarle la hoja con el letrero del bus, le pregunto cómo volver a la ciudad, y me dice que es sencillo, ¡con el mismo bus!, ¡buf, qué descanso, y qué majo es Guardiola!

En fin, como primera inmersión lingüística seria, yo creo que ha estado bien. Pero esto va a ser duro, muy duro. La murciana de mi hostal lleva cuatro años estudiando árabe en España, y asegura que todavía no tiene ni idea de esta lengua, que aún no sabe ni leer las palabras si no están vocalizadas… le echa la culpa al sistema de enseñanza, pero no sé, igual es que es realmente difícil esto del árabe… Lo que también es cierto es que nunca en mi vida como hasta ahora, había sentido lo “bien” que hablo inglés, jajaja. Tras un rato de intentar comunicarme en árabe, el inglés brota de mis cuerdas vocales con una fluidez, sencillez, desparpajo y frescura jamás experimentada antes… ¡qué útil es el árabe!

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