Durante el fin de semana he tenido la suerte de tener una magnífica visita: Baku y Bonaduce pasaban por aquí en su frenética ruta desde Turquía a Egipto y hemos compartido unas breves horas haciendo de anfitrión todo un extranjero como yo. Se hospedaron en mi hotel, y sin decirles nada ya se percataron de la calaña del depredador y sus secuaces… había varias gacelillas correteando por el recibidor, no sabemos si ajenas a su suerte o provocando aún más la situación. En fin, ha servido para echar unas risas. Y hemos paseado por la ciudad, hemos comido barato y bien, hemos bebido cerveza y zumos hasta sin sed, hemos conocido algún tipo curioso, pero su paso era breve por Alepo, van camino del sur, y mi rumbo continuaba hacia el este. Así que el domingo por la tarde comida de despedida y cada cual a seguir su camino.

Y la llegada a Deir, pese a haberlo hecho a las 9 de la noche, noche cerrada hacía ya bastante rato, ha supuesto un nuevo encuentro con esa población siria de lugares poco turísticos, donde los viajeros son más raros de ver y eso hace que tanto los niños, como los jóvenes y los ancianos, reciban al turista con constantes “welcome” (su palabra favorita en inglés, muchos es la única que deben conocer) y sonrisas que te están diciendo algo así como “oye forastero, nos alegra mucho que hayas querido pasarte por estas tierras a conocernos, deseamos que te sientas como en tu casa”, ante lo cual, no puedes evitar devolverles la sonrisa y repetir a cada paso “mar jabá, mar jabá”.
Pienso en las palabras de Morigán en uno de sus comentarios haciendo referencia a que yo andaba viajando en uno de los países del “eje del mal”. Qué nocivos son muchos de nuestros políticos, produciendo tan solo con sus palabras muchísimo más daño que el bien que supuestamente intentan hacer. No han olvidado aquí a Aznar y sus amistades peligrosas…
Yo, que vivo en un país “civilizado”, no les doy la bienvenida a los extranjeros que llegan a mi pueblo, ni tan siquiera les sonrío, mucho menos les ayudo saliendo corriendo a su encuentro cuando no me lo han pedido y si me lo piden primero les miro con recelo, ni le digo a nadie que entre en mi casa a tomar un té, y desde luego ni se me ha pasado por la cabeza darle mi número de teléfono a un desconocido invitándole a venir a dormir a mi casa a los tres minutos de haberle conocido (a mí me la dieron antes de ayer, en Alepo, un hombre de Homs, así sin más, tras hablar escasos tres minutos de una mesa a otra de un bar). Yo, un habitante del “eje del bien” no hago esas cosas. Y conozco a poquitos que lo hagan (alguno o alguna sí, vale). Pero estos, de quienes nos dicen todos los días nuestros protectores que son tan malos malísimos, sí lo hacen.
No sé si me resultará fácil, pero a la vuelta igual intento ver qué sucede si saludo a un extranjero así sin más en una calle de mi pueblo, y trataré de sonreirle aunque me salga forzado al principio, y si me contesta le preguntaré de dónde viene, aunque creo que no me atreveré a preguntarle si está casado, jaja… Pero es posible que la respuesta que obtenga sea un apartar la mirada, hacer como que no me ha oído, seguir su camino más rápido alejándose de mí… Seguramente sería eso mismo lo que yo haría aquí si fuera ignorado por todos y nunca percibiera algo de cariño por parte de la gente.
En el hotel “Al yamia al arabía” el recibimiento por parte de Nur el Din ha sido también magnífico. Lo primero que ha hecho ha sido servirme un chai, que no un shai (ha matizado que a los tés de aquí les llaman chai y no shai porque los hacen mil veces mejor que en Damasco y el resto de Siria, y hay que hacer la distinción, je; y ciertamente estaba más bueno, al menos a mí me ha gustado más) y mientras me lo bebía me ha explicado con todo detalle sobre un plano de la ciudad que él mismo había pintado a mano, todo lo que me podía hacer falta saber para desenvolverme sin problemas por la ciudad. El hotel en sí está a la altura de lo que pago, 300 liras por la individual (es decir, 4 euros y medio), cutre donde los haya, pero por ese precio es muchísimo más digno que el recordado pero nada añorado de Homs por el que pagaba 500 liras. Pero es que con un recibimiento como el que he tenido, se le puede perdonar todo. Evidentemente la foto no es del hotel… La foto es del restaurante recomendado por los lonly (acierto pleno), el “Lailati”, de curiosa decoración art-decó o algo así, donde me apreté una cena sabrosísma y de ahí a descansar para empezar por la mañana prontito a pasear por las orillas del Eúfrates. Jo, el Eúfrates, qué emoción. Me decía lo mismo ayer un alemán en Alepo “…cuando estuve por primera vez en el Nilo no me lo podía creer, tantos años escuchando historias sobre ese fabuloso río, y estaba por fin chapoteando los pies en sus aguas…”. ¡Y todavía quedan tantos ríos célebres por ver…!

Pero voy a seguir completando esta entrada (voy escribiéndola poco a poco en el “netbook” cuando el sol acojona demasiado) con la ruta seguida por el Eúfrates (Al-Furat le llaman aquí) llegando hasta dos lugares especiales: Dura Europos y Mari. El primero es una ciudad fortificada greco-romana a orillas del Eúfrates. Cuando el microbús te deja en la carretera a un kilómetro de Dura y miras a tu alrededor y en todas las direcciones sólo ves un interminable desierto, sólo te salva de la angustia el que sabes por los lonly y por haber mirado el mapa, que por algún lugar se avistará pronto el Eúfrates. Y sí, impresiona pasear por esos polvorientos restos de hace 2000 años y al final de la ciudad encontrarte con la magnífica vista de la vega del Eúfrates. Debían vivir bien aquí aquella gente. Ahora bien, el ocasional pero traidor viento que mueve la fina arena de toda esta región, es un punto negativo a tener en cuenta. No me he llevado nada para comer, pero he comido arena hasta hartarme.
El colega de la moto es el encargado de las entradas. Resulta que era día de cierre y ha habido que llamarle por teléfono. Una pareja de alemanes que han hecho el trayecto en taxi (decían que hacía mucho calor para venir en microbuses, hay gente para todo…) se han ocupado de llamarle. Al llegar ha dicho que hoy era su día libre, pero que no pasaba nada, que ya nos abría y que ya le pagaríamos al acabar la visita, que estuviéramos sólo una hora. Yo me he temido que esto iba a costar más dinero del esperado, pero oye, qué se le va a hacer. Pero mira, al acabar ha cobrado la cantidad que era, 75 Liras, y hasta me ha sacado con la moto hasta la carretera en lugar de irse por el camino más recto hacia su casa. Se ha negado a que le diera ni una sola lira. Mira que soy mal pensado…


Y unos kilómetros más lejos, y a la vez más cerca de Albukamal, frontera con Irak camino de Bagdad, te encuentras con los restos de Mari. Es un lugar mucho más pequeño que Dura, mucho menos que ver, pero a mí me ha tocado más: allí ya vivía gente en el 3.000 a.c., es decir, unos 5.000 años de historia. En este lugar se encontraron miles de tablillas de allá por el 2.000 a.c. con “textos” en escritura cuneiforme que son los primeros escritos que empezó a realizar el homo-sapiens por estas tierras. Aquellos primeros textos tan solo mostraban transacciones comerciales (las ví en los museos de Alepo y de Deir), pero las que datan del 1.800 a.c. ya muestran alguna carta entre reyes, como alguna que escribió Hammurabi (sí, el del código) a algún rey vecino. Fue precisamente Hammurabi el que acabó conquistando y destruyendo Mari. En fin, creo que no es necesario ser arqueólogo para emocionarse al pasear por los polvorientos restos de casas de adobe construidas hace tanto tiempo…
Nada más dejarme en la carretera tocaba esperar bajo un sol implacable a que pasara algún minibús. No ha hecho falta. El primer vehículo que ha pasado ha sido un camión que ha parado sin que yo hiciera señal alguna y me ha llevado hasta Deir. Simpático el hombre, pero con los habituales problemas de comunicación; la lengua árabe, en lo que se refiere a accesibilidad, creo que es inversamente proporcional a la de los que la hablan… Y al llegar, no sabía en que parte de la ciudad estaba, y mientras les preguntaba a unos zagales a ver si me orientaban, un tipo de extraño aspecto (la verdad, me ha dado mala espina, malos pensamientos otra vez) ha venido hacia mí, le he explicado que quería ir al centro, y me ha dicho que subiera al minibús. Me han llevado hasta el mismo centro y no me han querido cobrar nada…
Bueno, toca descansar, mañana cambio de rumbo, creo que a Palmira, quizá hacia el norte, aún no está decidido. Veremos al despertar por dónde sopla el viento, pero me da igual, aquí todo te lo hacen tan sencillo… Sólo hay que tener cuidado de no hacer fotos descuidadamente, je.


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