Hemeroteca del 4 Agosto, 2009

La verdad es que esta ciudad en si misma no es gran cosa, de aire moderno con mucha nena mona, pero poco que visitar. Es moderna porque Hafez el-Assad era de por aquí y según se ve les llovieron liras a espuertas. El estadio olímpico es, como dicen los lonly, excesivo.

Pero Latakia es el punto de partida idóneo para visitar otro imponente castillo, el de Saladino. A él le dedicaré la próxima entrada. En esta, voy a contar lo acaecido en la apacible tarde del domingo.

P1020269Aparte del castillo, otra de las visitas supuestamente obligadas son las ruinas de Ugarit. Según cuentan, uno de los primeros alfabetos del mundo nació aquí. La ciudad se ve que también fue el primer puerto internacional del mundo allá por el 3000 a.c. Ante tal currículum, había que ir. Pero oye, lo de Ugarit la verdad es que no era para tanto, al menos no me lo pareció. Creo que la visita de tantas ruinas en este viaje ha agotado mi capacidad de asombro.

Así que microbús de vuelta y hacia Latakia de nuevo. Pero al pasar a la altura del estadio, vi que todo el mundo paraba allí y entraban para dentro . Así que me uní a la masa y fui a ver qué regalaban. Me dijeron que era la inauguración del festival de música que iba a durar diez días. La cosa prometía. Entré en el estadio, pillé un buen asiento, y poco a poco se fue llenando de gente. No entiendo mucho de masas en estadios, pero pensando en cómo es la Romareda, creo que estábamos allí entre 30 y 40 mil personas. Y la experiencia resultó realmente interesante, no ya por lo musical, si no por cómo se fue desarrollando el acto.

P1020308La foto es la del presidente Bashar el-Assad, hijo de Hafez. Habían puesto esa foto gigante en el césped, aparte de otras más que se ven más abajo. El acto fue una fiesta para toda la gente, pero a mí había momentos que hasta me daba algo de miedo… Durante una agotadora hora estuvieron hablando y cediéndose la palabra diversos cargos políticos (en eso se parecía a cómo lo hacemos nosotros), y aunque no entendía más que palabras sueltas, las referencias al presidente y a la patria eran constantes. El público estaba encantado. Pero la emoción de los presentes llegó al clímax cuando por fin salieron cientos y cientos de jóvenes vestidos con trajes tradicionales y estuvieron como una tres cuartos de hora bailando lo que debía ser una coreografía preparada para el evento, porque no parecían para nada bailes tradicionales. La coreografía fue también un acto de desmedida exaltación patriótica, con el público enfervorizado y emocionado cada vez que se escuchaba en los cantos la palabra “Suriiía” (Siria, claro) que era como unas 10 ó 15 veces por minuto, mientras que las luces iban enfocando cada poco las diversas fotos de Bashar y también la de su padre, todavía omnipresente en este país. Había también una pantalla gigante en la que de vez en cuando mostraban discursos del presidente e imágenes de él, y eso aún volvía más loca a la gente. P1020323Estaban entregados. Yo miraba atónito la foto esa con la mano de Bashar en alto saludando con esa llamativa pose, que junto con el bigotillo que se gasta me ponía los pelos como escarpias…

P1020343Al acabar, todos los sirios volvieron a la calma. Civilizadamente fuimos saliendo del estadio, sin prisas, sin agobios, sin avalanchas… todo muy normal.

Los 6 kilómetros de vuelta no parecía que fueran factibles de hacer en ningún tipo de transporte público. El ágil sistema de microbuses y taxis no daba de sí para absorber a los miles y miles de seres que llegábamos a la carretera. Así que me puse a andar, pero no había dado ni dos pasos cuando un par de jóvenes se pusieron a charrar conmigo y comprendí enseguida que no haría el camino de vuelta solo. 19 añicos, estudiantes de primero de derecho, uno hablaba inglés despacito, y le iba traduciendo al otro que sólo hablaba francés. Eran simpaticotes, majos, sanotes, buena gente, y se interesaban mucho por mi trabajo, por lo que había estudiado, por la universidad en europa. Bien, una conversación entretenida. En cuanto al acto que habíamos visto, les comenté que lo había encontrado muy politizado, pero no entendían que les quería decir, ellos lo habían visto todo muy normal. Lo divertido fue cuando sacaron el tema de la religión (fueron ellos, lo juro). El que charraba inglés era musulmán y el otro cristiano. Se sentían orgullosos diciendo que eran amigos. Yo, que pensaba que aunque creyentes, al ser jóvencicos y universitarios tendrían la mente abierta, les manifesté con toda naturalidad mi ateísmo. Cuando se los dije me miraron asustados. No daban crédito. No les cabía en la cabeza que alguien no creyera en Dios. Y cuando les explicaba que muchísimos jóvenes en Europa y no tan jóvenes pensaban igual, se echaban las manos a la cabeza. Me pedían explicaciones, que justificara cómo podía pensar de esa manera. Les hable de Darwin, y no sabían quién diablos era ese tipo. Les expliqué lo de que venimos del mono, y se partieron el culo… La verdad es que aunque no se los dije, yo aún estaba más impresionado que ellos. Entonces me preguntaron por el matrimonio y si la gente en Europa tenía relaciones antes de casarse. Les dije la verdad, claro, y se volvían a echar las manos a la cabeza. Me dijeron que si no le teníamos miedo al SIDA. El llegar virgen al matrimonio, decían, era la única forma de evitar esa enfermedad. No sabía que Benedicto se hubiera paseado por estos pagos… Yo les pregunté ¿y los condones? No me entendían. Usé todas las palabras que se me ocurrieron en inglés, francés y español, y no sabían de qué hablaba. Por fin dije, “esperad, que ahora os lo explico mejor”, recordando que siempre llevo un condón encima, y se lo enseñé. ¡El musulmán se echó para atrás! El otro sonrió, pero no decía nada. Yo, que ya estaba lanzado, le pregunté al cristiano si lo quería, y se quedó así como dudando, pero el otro se apresuró a decir que no, que ni hablar, que su amigo no necesitaba ni quería esa cosa… Ya puestos, les comenté que también era posible que aún teniendo pareja uno pudiera tener otras relaciones fuera de ella, que o bien sucedía de forma “extraoficial” pero que también se podía hacer llegando a ese acuerdo con tu pareja. Estaban desquiciados, al musulmán sólo le faltaba echar espumarajos verdes por la boca… Me dijo éste, todo cordialidad él, “los europeos sois muy raros…”.

Ya habíamos llegado a la ciudad, estábamos al lado de sus casas y sospeché que la hospitalidad árabe no estaba preparada para admitir a según que huéspedes y en esta ocasión no habría invitación a té… en otras ocasiones que he estado más calladico si que me han invitado a sus casas. Pero esta vez no. Nos despedimos afablemente, sonrientes, je, todavía con la incredulidad en sus ojos, y me encaminé lentamente hacia el hotel. Por el camino encontré una tienda en la que vendían alcohol. Me compré un par de Almazas (a los sirios les gusta más la cerveza libanesa que la suya (los que puedan beberla, claro); a mí también me gusta más) y me subí al cuarto. ¡Qué buena es la cerveza fresquita!

Comentarios 23 comentarios »