Recuerdo el invierno del 91 en el que por primera vez cruzaba el Atlántico y estuve paseando precisamente por estas tierras. Aterricé en Nueva York y recorrí el país en una especie de línea recta hasta San Francisco haciendo varias inolvidables escalas. Y de entre las muchas e imborrables sensaciones, vinieron antes de ayer a mi memoria las vividas en el oeste, más concretamente en California. Recuerdo muy gratamente cómo me sorprendió entonces la generosa y desinteresada amabilidad de la gente. Desde el simple detalle de que te saludaban sonrientes al cruzarse por la acera, hasta lo que consideré un “extremo” como fue el que sin conocerme de nada me invitaran a pasar unos días en sus casas (y no fueron ni una, ni dos, ni tres, las personas que lo hicieron…).

Y antes de ayer, lo vivido por la mañana recién levantados cuando comenzó la búsqueda de un apartamento, me devolvió aquellos gratos recuerdos. Fuimos a la oficina de turismo como punto de partida para comenzar las pesquisas, al menos para tener alguna referencia de por dónde empezar a buscar, qué barrios serían más tranquilos, en cuáles tendríamos transporte público, etc.
Estaban en la oficina una joven de rasgos exóticos (debía circular por sus venas sangre india, negra y blanquita), y una mujer y un hombre que respondían más a la imagen del norteamericano típico. Les dijimos lo que buscábamos, y como si les fuera la vida en ello se pusieron a buscar en los clasificados, a mirar en internet, a hacer múltiples llamadas telefónicas… En poco más de 20 minutos nos habían concertado una cita para ver un apartamento media hora después. Fuimos, lo vimos y nos lo quedamos.

Lo primero que hicimos fue volver a la oficina de turismo y contarles que todo había ido bien. Nos despedimos con abrazos y todo, y con las ganas de pasar a verles más veces a charrar un rato. Y bueno, algún detallico les llevaremos, seguro.

Luego, paseando ya relajados, nos íbamos dando cuenta de que había gente que te saludaba, un simple “morning” o un “jauyuduing” y una sonrisa. No es como lo de California, pero es desde luego mucho más agradable que la total ignorancia del otro a la que estamos ya acostumbrados en nuestro país…

Y aquí unas fotos del apartamento, bueno, por llamarlo de alguna manera, digamos mejor que es una habitación grande…