Ya va la cosa camino de los dos meses en los States… ¿en los States? No sabemos cómo es el estado de Louisiana, ni su capital Baton Rouge, ni ninguna de sus otras ciudades y pueblos, ni las famosas plantaciones que te ofrecen visitar todas las guías… no hemos salido de esta ciudad en casi dos meses. Igual tocaba un cambio. Y no era mal momento para cambiar ahora que coincidiendo justo con la llegada de la primavera, la temperatura había bajado unos 15 grados de un día para otro.
Un Hyundai Accent nuevecito nos esperaba el lunes por la mañana ajeno al rodaje que le esperaba. El cambio automático te proporciona tanto placer como acojono; apretar a fondo un embrague que no existe te lanza contra el cristal impulsado por el violento frenazo que provoca el pie izquierdo que se hunde en el freno con ese movimiento mecánico aprendido durante tantos miles de kilómetros acumulados con coches “normales”. Por suerte, no siempre algo que puede ir mal va mal, y los repetidos sustos no pasaron de ahí. Atar el pie izquierdo al asiento ayudó mucho en el intento de reducir los sobresaltos.
Y así se fueron sucediendo los kilómetros, perdón, las millas. El botón de “cruise” pronto demostró su utilidad, unos ligeros movimientos de pulgar y fijas la velocidad en el punto que te interesa, es decir, lo que marcaban las señales de tráfico. En ese momento puedes soltar el pie derecho del acelerador, hasta llegar a sentir incluso que quizá también podrías soltar las manos del volante dada la sorprendente ausencia de curvas. ¿Y se podrían cerrar los ojos también…? Ver en las películas las infinitas carreteras que discurren por desérticos paisajes siempre me ha producido una agradable sensación de anhelada libertad; ser el protagonista de una de esas escenas, ha añadido un regustillo de inquietante desamparo… Impresiona comprobar la cantidad de millas y millas que pueden ir acumulándose en el contador sin percibir a tu alrededor ni el más mínimo indicio de presencia humana más allá de los escasos coches que nos acompañaban en la solitaria peregrinación a quién sabe dónde. Los trenes eran otros de los compañeros de viaje, interminables convoyes de más de 100 vagones cargados de millones de libras de quién sabe qué.
19 horas de conducción desde la salida, 1150 millas, más una noche de motel de carretera, nos llevaron al fin hasta Santa Fe, New Mexico. Nos recibió el sol, cálido, acogedor, podías ponerte la manga corta que hacía tan solo un día NOLA nos había negado. ¡Qué agradable! Dos horas después estaba nevando… Esté país es complicado de entender en muchos aspectos, el clima es uno de ellos.
Y a descansar, en el hostal Santa Fe, peculiar lugar para hablar de él con más calma. Pero eso, con más calma. Jane nos espera a la mañana siguiente con una apretada agenda en el horizonte de los próximos días.
#1 by Aupaedurne on 27 Marzo, 2010 - 11:07
Citar
Lo q más me gusta es ese a modo de bache q supera el tren, ¿no es muy raro? ¿o, simplemente raro, como todo en esa tierra?
Aunq lo raro no es patrimonio exclusivo de los United, pq aquí tb todo es raro (¿o es lo de siempre?)
Besos y cuidaros, sobre todo Inma.
#2 by Aupaedurne on 27 Marzo, 2010 - 11:09
Citar
me sobra una r
#3 by raspimon on 31 Marzo, 2010 - 10:56
Citar
Hola!
acabo de volver de un viajecito cortito por la Rioja y a la vuelta he pasado por Alcañiz!!
Y ahora acabo de entrar en el correo y me aparecen fotos vuestras que me envía Jane de la cena en su casa!
Reencuentro doble o triple!
Me alegro de que os hayáis conocido!
Buen camino!
#4 by Jane on 1 Abril, 2010 - 23:10
Citar
Mónica….Cuando José Luis, Inma y yo estábamos con María Helena, ella te describió como una “loca.” Es un caso de “the pot calling the kettle black.” Abrazos. Jane
Trackback: Alexander