Haridwar y Rishikesh

A la espera de que Ignacio haga la entrada sobre el viaje entre Manali y Haridwar (se ha ofrecido a relatar ese episodio digno de mención), paso a contar los días vividos en Haridwar y Rishikesh.

A este tipo no lo hemos conocido en persona, pero sí a uno de sus discípulos, Punit, indio conocido a través del Hospitality Club (consultar www.hospitalityclub.org para saber de qué va eso) y con el que compartimos unas agradables horas, a la vez que el mejor almuerzo que hemos tomado hasta ahora en todo el viaje. Imagino que a medida que Punit iba sacando las viandas debía pensar que llevábamos sin comer varios días… Y estuvimos casi todo el tiempo hablando de religión, de cómo conocer a ese gurú le había permitido al dueño del hotel Jimmy salir de sus problemas con las drogas, y más aún, le había enseñado a ver a Dios en su interior. Nos dio la dirección del Ashram de este gurú en Delhi con la intención de visitar el lugar cuando pasemos de nuevo por la capital y que así tengamos la fortuna de que nos ilumine también a nosotros. Lo intentaremos, la cosa promete.

Haridwar primero y Rishikesh después, nos dieron bastante buen Karma. Son dos ciudades que al igual que Varanasi son paso obligado de los peregrinos que se dirigen hacia las sagradas fuentes del Ganges, y si bien al llegar temimos encontrarnos con una repetición del “shock” vivido en Varansi, enseguida comprobamos que no tenían nada que ver con aquello.

Vivimos las abluciones matutinas, la “puja” nocturna, toda la vida que rezuma constantemente en las orillas del Ganga, pero todo ello con una naturalidad y frescura que no sentimos en Varanasi. La tremenda religiosidad del pueblo indio es incuestionable (aunque posiblemente fuera nuestro error confundirla con la espiritualidad), pero la forma en la que la hemos sentido en estos lugares (creo que mis compañeros están de acuerdo con mis palabras, y si no, que maticen) nos ha hecho sentir muy a gusto aquí. Esta vez parecía que la “espiritualidad” no estaba en venta… (esta frase se la he cogido prestada a Sarah McDonald la de “Holy Cow”, es buena, ¿eh?)

Los shuds son tipos llamativos, sin duda.

Y también es llamativo encontrarte con una improvisada procesión (a pesar de la intensa lluvia que el caprichoso monzón nos trajo sin avisar, como todos los días) presidida por un lindo elefante en la que Ignacio (sí, el que está de espaldas) se vio sumergido y participando del baile jaleado por la multitud.

Todo era muy festivo, muy alegre; estas niñas, lejos de andar pidiendo rupias, sólo querían salir en la foto.

Y en Rishikesh (por suerte no vimos rastro alguno de los Beatles) nos alojamos en un Ashram.

Que nadie se lleve a engaño, un Ashram no es un hotel de 4 estrellas, más bien todo lo contrario. Como se puede apreciar en la foto con Baku, vives encerrado tras las rejas.

Son lugares para el recogimiento y la meditación. Todas las mañanas, entre 8 y 9:30 (en ayunas, como es de rigor), sesión de yoga (a la que nos apuntamos, claro). Si tenías narices de madrugar, también te ofrecían meditación a las 6:30 de la mañana. Por la tarde, más yoga si los tendones, músculos y articulaciones todavía tenían algo de vida… Yo pensaba que esto del yoga era para relajarse, uf, lo que hace la ignorancia…

Y en la puerta del Ashram, Ignatius se dio un baño sagrado. Pero creo que el sagrado trago no fue de su agrado…

Rishikesh también nos regaló la vista con sus cascadas y sus arrozales. Un bonita excursión, como todas las que hemos hecho por el norte.

Sus aguas no eran sagradas, pero el baño fue buenísimo.

Ah, por cierto, Baku y yo hemos hecho un envío de paquetes a España. Ahí van un montón de regalos que ya han sido comprados para evitar las prisas de última hora. Este “tailor” (que se debió hacer “rich” ese día con nosotros) nos los envolvió en tela, bien cosidicos y hasta lacrados, como en los viejos tiempos, ¡qué nivel! Eso sí, encomendaos a Shiva los que esperéis algún detallico para que la GPO india sea eficaz y no se pierdan los bultos por algún rincón…

Y bueno, estas dos poblaciones nos dieron muchos otros buenos momentos, pero veo que esta entrada va a salir muy larga, así que mejor seguimos contando tomando unas cervecillas a la vuelta.

Tan solo este par de fotos más, curiosas ellas, como la “demo” de subida a elefante que nos dio este buen señor que apareció sorpresivamente con su “vehículo” por una de las calles de Haridwar (cual cacharrería) y que lo dejó “aparcado” un momento para bajar a comprar algo.

O esta otra de la estación de tren, cuando íbamos a coger nuestro “sleeper” hacia Kathgodam. Eran las doce de la noche, y ese es el espectáculo que vimos al llegar a ella. Nos llevó un rato reaccionar, y aún más cuándo nos dimos cuenta de que no eran pobres sino familias normales y corrientes dormitando apaciblemente bien organizados tanto dentro como fuera de la estación esperando para pasar la noche hasta la hora de la salida de su tren. Contamos más de un millar. Este país es muy complicado de entender.

3 Responses to “Haridwar y Rishikesh”

  1. Quetedenblog Says:

    Aprovecho hoy, que me conecto un ratico para felicitar a la Edurne, que mañana no podré. Jl, vida mía, cuídamela, que quiero que vuelva entera, que vale mucho. No creas que cualquier mujer sería capaz de seguir los pasos a un hombre hasta tan lejos, jajaja.

    Namaste :)

  2. jlpueser Says:

    Bueno, aún es más fuerte que eso, Aupa ha seguido los pasos de 3 hombres, 3, a falta del 4 que desertó… Ya ha llegado y estamos encantados, esperamos estar a la altura…

  3. Aupaedurne Says:

    Gracias, pollo,pero no es por presumir, pero he de recordar q la primera q compró el billete fui yo. El único problema es q no tenía tantas vacaciones…

    Pero a ver quien siguió a quién, jajajaja

    Esto es la leche

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