La roulote
Viernes, 30 de Noviembre de 2007Recuerdo de cuando tenía 15 años que Morigán y los hermanos “Moletes” jugaban a aprenderse el mapa mundi de memoria. Y aunque no era el más indicado para juzgar sus conocimientos en aquel momento (la geografía mundial no era mi fuerte, ni tan siquiera la española que como sabe muy bien Morigán, me desbordaba; pienso que me habría ido mejor naciendo en Bilbao, allí los mapas mundi son más pequeños), creo que se sabían todos, absolutamente todos los detalles geográficos de nuestro mundo. Podían recitar sin vacilar todas las capitales con los estados a los que pertenecían, los nombres de las montañas con sus alturas, los lagos y sus dimensiones exactas… Ya no recuerdo si les envidiaba o les admiraba, pero sí me quedó de aquello que la tierra se me antojaba inconcebiblemente grande y, por tanto, imposible de llegar a conocerla con solo una de nuestras vidas.
Con el paso del tiempo, cuando me encontraba con Moletes pequeño y terminábamos hablando de viajes, de esos viajes que él nunca emprendía, siempre nombraba uno de sus sueños: ir a la Patagonia, visitar el Perito Moreno, llegar hasta Tierra de Fuego. Mientras el me hablaba emocionado, yo en silencio intentaba deducir en qué parte de Argentina estaría la Patagonia, y cómo debía ser ese famoso glaciar, y si en Tierra de Fuego habría muchos volcanes en permanente actividad… En el transcurso de los años, Moletes pequeño encontró un trabajo del que siempre dice que lo quiere dejar, se casó, tuvo un hijo, y se separó. Ha sido una vida intensa hasta ahora, pero todavía sigue soñando con comprar un billete de avión que le lleve a esas tierras fantásticas que tan bien conoce pero en las que nunca estuvo. Muchas veces me he preguntado por qué las personas demoramos a veces tanto cumplir nuestros sueños. Cuando la salud propia juega a nuestro favor, y la de los seres cercanos sigue el mismo camino, no le veo mucho sentido a reprimir nuestros sueños, sea viajar, cambiar de trabajo, cambiar de vida o lo que nos pida el alma.
LadyH me pedía alguna reflexión, algo que aportar de lo que he aprendido en este tiempo. Y lo más valioso ha sido lo que, sin proponerselo, me han aportado otros viajeros u otros que tras viajar echaron raíces en nuevas tierras lejanas a sus orígenes. Así, me acuerdo de Isvet e Iván que con su niño de 5 años reparten sus vidas entre tres países; o Ricardo, que encontró un nuevo hogar en San Luis dejando en el recuerdo a su entrañable Barcelona; o mi querido Flavio, que la misma semana que dejé Brasil él se fue hacia Italia a buscar fortuna dejando en la Bahía a su entrañable hijo; O Wander en la mítica Itaparica; O estos otros dos catalanes, cuyos nombres ahora tendría que mirar en la agenda, que dejaron todas sus comodidades y su estatus de bienestar del que gozaban, renunciaron a seguir teniendo asegurada una tranquila jubilación, y se lanzaron a pasear por donde les guian sus azarosos pasos. O Raider, el noruego que creó el sueño de la casa de la Rua do Bispo, olvidando la desarrollada Noruega; O David que sigue con su flamenca guitarra repartiendo alegría mientras sus alumnos de la universidad pueden seguir esperándole sentados; O Maite, o Guille, o Amankay, o Phil, o el Toro o Jonathan, o… tantos otros que ignorando el guión establecido se han lanzado a hacer lo que realmente deseaban. “Como si no fuera natural de la vida el poder hacer lo que uno siente desde el corazón” (palabras de una montañera que reposa en la falda del Aconcagua).
Me decíais alguno que los relatos os iban permitiendo soñar. Debo decir que vuestra cálida, entrañable y sobre todo inolvidable presencia me ha hecho soñar también cada día. En todos los lugares que visitaba, cada actividad que emprendía, me imaginaba compartiéndolo con alguno o varios vosotros, según las inquietudes y gustos de cada cual. Viajé solo sabiendo que es la mejor forma de no estar solo, pero no imaginé que iba a estar tan maravillosamente acompañado. Decir más palabras me llevaría a caer en la ñoñería y sensibelería, y yo soy un hombre, joder, y no debo permitirme esas debilidades, jajajaa…
Y sabéis, hace unos días que tengo un sueño. Imagino una roulote que inicia un viaje sin billete de vuelta. A ella la gente va subiendo y bajando según las estaciones por las que pasa, según el tiempo del que es capaz de disponer cada cual. Unos sólo podrán estar dos semanas, otros lo alargarán hasta un mes, algún venturoso funcionario tendrá hasta dos meses, y habrá quizá quien se quiera quedar más tiempo, a hacer de ella su nuevo hogar por un periodo indefinido…
Y no puedo evitar finalizar este viaje con la misma canción que me acompañó cuando lo empecé. Como todos los aquí lectores sois hábiles con la tecnología, no creo que os cueste encontrarla si os apetece escucharla. Lástima que aún no he aprendido a meter sonido en el blog. A ver si aprendo en este impás hasta el próximo viaje.
Mucho amor para todos y todas.
Soltar todo y largarse
Soltar todo y largarse, qué maravilla,
atesorando sólo huesos nutrientes,
y lanzarse al camino pisando arcilla,
destino a las estrellas resplandecientes.
Pantalones raídos, zapatos viejos,
sombrero de ventisca, ojo de garra,
escudriñando enigmas en los espejos
y aprendiendo conciertos de las cigarras.
Con amores fugaces e inolvidables,
con parasiempres grávidos como espuma
y el acero afilado de los probables
colgado vigilante junto a la luna.
Soltar todo y largarse, qué fascinante,
volver al santo oficio de la veleta,
desnudando la vida como un bergante
y soñando que un día serás poeta.
























































