Prólogo:
Siempre he escuchado que había dos tipos de personas con relación a la India, las que quedaban atrapados y las que les resultaba tan fuerte que no querían volver. He descubierto que hay muchos más tipos. Uno el de los embusteros, los que han estado en la India y la venden como algo magnífico que te cambia. Otro tipo de los influidos por la India son los que como yo nos ha producido rechazo y por lo que voy viendo creo que somos unos cuantos.
Entre los embusteros están los que a la vuelta (a mi vuelta y llevo sólo unas horas), descubres que realmente lo pasaron mal con tanta mierda, que no les aportó nada y que estuvieron enfermos durante una larga temporada, pero eso no me lo habían dicho, es más me animaban a que fuera a la India, lo he sabido a mi regreso.
Introducción:
Me fui a la India el día 8 de julio con billete de vuelta para el 15 de agosto, considerando que la India es tan grande y está tan lejos que bien merecía un periodo de tiempo prolongado. Alguno incluso me decía que era poco tiempo para conocer la India. Se equivocaban, con respecto a mí, la India la conocí en las primeras horas que pasé en Mumbay. Quise pensar que era distinto y que llegarían otras visiones. Todo se fue repitiendo, cambiando ligeramente los escenarios y también ligeramente los rostros de la gente, los andares cansinos de las vacas, sus omnipresentes deposiciones y sus repetidos puestos callejeros insalubres, su tráfico, sus servicios por unas rupias…
Qué buscaba y qué encontraba.
Fui a buscar una cultura distinta a la nuestra. Otra concepción de la vida, otra escala de valores. Me hablaba incluso de una espiritualidad. Me encontré con la misma escala de valores de occidente, pero más agresiva e irrespetuosa. El primer lugar de la escala de valores de nuestra Europa está el euro, luego dependiendo de cada uno podrá completarla de forma distinta y en algún lugar estará la solidaridad, el respeto, el derecho a la intimidad y a ser distinto,… En la India descubrí sus diez primeros valores en poco tiempo. El primero la rupia, el segundo la rupia, el tercero la rupia, el cuarto la rupia, el quinto la rupia, el sexto la rupia, el séptimo la rupia, el octavo la rupia, el noveno la rupia y el décimo el compendio de todos los anteriores. Y me temo que si hubiera indagado más posiblemente hubiera encontrado otros valores que no serían muy distintos de los anteriores.
El santón es un hombre que sirve a Shiva para pedirte que te acerques a él, para ponerte una huella de azafrán en la frente y pedirte cinco rupias. El niño es un ser que no quiere salir de su infancia puesto que la niñez inspira más lástima y es más fácil sacarse unas rupias pidiendo vendiéndote cualquier cosa. Al enfermo no se le ocurrirá curar su padecimiento porque ablanda el corazón del viandante y es una mejor forma de conseguir rupias. El informante, ese ciudadano anónimo al que preguntas por un hotel, sin tu saberlo es un guía encubierto que te va a pedir unas rupias por decirte dónde está o desviará tu atención para llevarte a otro del que va a cobrar por tus sueños. El que te indica un restaurante se va a llevar una comisión porque comas,…
Habrá gente honrada, millones, en la India todo son cantidades fabulosas, pero produce tal desconfianza su trato por la experiencia, que resulta muy difícil encontrarlo. Se podrá estar con un indio que te hable correctamente, en el que no veas ninguna intención de sacarte dinero y aún así desconfías y si se ha ido sin pedirte una rupia piensas que está abonando el terreno para volver al día siguiente, porque ellos controlan todos tus movimientos, y sacarte cien rupias.
Fui a conocer indios, hablar con ellos de sus problemas, de su forma de ver la vida, de sus inquietudes, de cómo veían la política nacional, de cómo veían a occidente, de la influencia positiva o negativa que provoca la presencia de turistas, de la convivencia de su religiosidad con los avances tecnológicos, de la religión en la intimdad,… No pude conocer a un solo indio con el que hablar un poco, incluso la información que uno u otro me facilitaron sobre temas elementales como las relaciones de matrimonios, ceremonias o la situación de la mujer era contradictoria. Temo que decían aquello que quería oír como medio para sacar unas rupias.
En cambio conocí a muchos occidentales, personas “guays” que se mueven por principios “solidarios”, que se apenan de la miseria india, que proceden de Guipúzcoa, de Australia, Irlanda o Madrid, que van a ayudar, cuando la pausa entre porros se lo permite, a la fundación de Vicente Ferrer o la Teresa de Calcuta, que te cuentan historias que no han vivido pero que les han contado unos que conocieron a unos que la vivieron y contribuyen a aumentar ese halo de misterio y espiritualidad que crees que tiene la India aunque no lo veas por ningún sitio. Son gente que se retroalimenta, con la que nos encontramos en los mismos lugares, con las que hablamos, con las que incluso viajamos algún trecho del camino o con las que nos volvemos a encontrar en otro lugar a pesar de la inmensidad de la India. Son gente antimilitaristas, solidarios y cosas así que alimentan a los indios para que su gobierno pueda tener las manos libres para fabricar la bomba atómica, que alimenta a los indios para que sigan pariendo como conejas pues siempre habrá algún occidental que nos eche una mano para sacarnos de la miseria. Estos chicos “guays” de la India, son buena gente, tienen buenos principios, pero sin ellos saberlo -eso deseo-, están haciendo un daño terrible e irreparable a estas gentes. Se les está educando a esta gente diciéndoles tened cuantos hijos queráis que nosotros os ayudaremos a alimentarlos, no os preocupéis de la incompetencia de vuestro gobierno que nosotros os daremos de comer. Ya es el colmo cuando estos “guays” van a colaborar con lo más rancio del poder, con las fundaciones católicas, eso sí son ateos y agnósticos, pero miran para otro lado, pues ellos pueden utilizar el condón aunque la fundación no se lo deje utilizar a la gente a la que supuestamente ayudan. Si hay alguna organización contra la natalidad contad conmigo, pero para lo demás ni un céntimo a la India (y a otros países).
Como los “guays” se encuentran con otros “guays” acaban siendo todos muy “guays” se pasan los correos electrónicos y agrandan sus redes de solidaridad con las que exculpar sus posibles pecados. Estos son la mayoría de los contactos que se producen en la India, al margen de los indios.
Fui a buscar arquitectura, pintura, escultura,… y he encontrado cosas muy interesantes, pero a qué precio. Una vez más la rupia por delante, con guías con carné, sin carné, con jeta y sin ella. 15 rupias para los indiios, 700 para los guiris. Y lo peor, el precio del desplazamiento, seis horas de tortura en un autobús que no reúne ninguna comodidad, ni ninguna seguridad, donde en el lugar que deberían ocupar 30 se meten 100, (no es ninguna exageración). Así seis horas de tortura y luego hay que salir otras tantas para poder disfrutar de un par de horas o tres de buenas construcciones. Y en general, para ver cualquier cosa interesante hay que correr un tupido velo de mierda.
Fui a buscar otro concepto de humanismo, para alimentar, modificar o agrandar el que he podido estudiar. Voy a contar algo cierto que explica el humanismo que he encontrado. Estábamos un amigo y yo en una estación de autobuses, una chica de unos quince o veinte años, definir las edades me resulta muy difícil, se desmaya junto a nosotros. Cae al suelo. Nadie, absolutamente nadie se preocupó por ella. Viendo que nadie reaccionaba mi compañero se fue a buscar a un policía y yo me quedé con ella tendida en el suelo, mientras, pasaron de ella, al lado de ella y por encima de ella. Nadie, absolutamente nadie se preocupó lo más mínimo, sólo algún curioso se paraba a verme a mí en una situación embarazosa. Podrá considerarse algo anecdótico, pero no lo es, en la estación de autobuses había cientos o quizás un millar de personas. Entre todos ellos nadie hizo nada.
Luego yo he pasado por gente que está larga en el suelo sin preocuparme si estaban vivos, muertos, durmiendo o pasando de todo.
Siempre estará el salvamundos que dirá que eso también pasa en Nueva York para justificar todo.
Otra de las cosas que he aprendido del humanismo indio es a pasar de la gente. Me duele ver a una persona con lepra que te pide dinero e ignorarlo, me duele dar la espalda al que te ofrece un triciclo para trasladarte y ganarse unas rupias, me duele pasar de quien se me ofrece, alguno con buenas intenciones. Pero no he podido hacer otra cosa. Si hubiera atendido a las personas como personas, como se merecen con el respeto que defiendo, aún no hubiera dado un paso dentro del primer metro cuadrado que ocupé en Mumbay.
Fui a buscar esa mirada del pobre, pero que es honrado y generoso, y te ofrece cuanto tiene que he visto en otras culturas y que creía que existía en la India.
Excepto los días que he estado enfermo, me he levantado temprano para visitar con más tranquilidad las ciudades todavía sin turistas, por zonas no comerciales, por barrios, viendo el despertar de las gentes y cómo se iban incorporando a la vida. Me invitaron a sus casas en barrios alejados del centro, me invitaron a té, me miraron a los ojos con esa mirada honrada. Yo lo creí, me enseñaron a sus hijos o hermanos pequeños, me invitaron a que les hiciera una fotografía, me enseñaron sus miserias, me ablandaron el corazón y me pidieron unas rupias por la foto y otras tantas por el té.
Además, pero esto es añadidura y no se tome como el motivo de mi marcha, la mierda está presente en cada centímetro cuadrado de las ciudades. Todo es insalubre. Tienes que estar atento a que no te hayan rellenado la botella de agua con agua del grifo para timarte unas rupias. Los mal llamados restaurantes ofrecen amebas, bacterias, virus y mierda rebozados con especias por todas partes. Los hoteles de viajeros son en muchos casos lugares donde sólo se puede dormir y no siempre. Los retretes carecen de plato de ducha y por el suelo se mezclan todos los líquidos que proceden del wáter, de la ducha, del lavabo o de la palangana con la que se limpian el culo los indios.
Las sábanas dicen algunos viajeros que en algún sitio les han dicho que había alguna, las almohadas mejor llevarlas de casa si no quieres coger una mixtura casposa de todo el mundo. La limpieza de las habitaciones se hace una vez al mes aunque no haga falta.
La India es un país realmente sorprendente. Estés donde estés, siempre hay un viajero que te dice, esto está mal, pero si vas al norte y llegas a tal lugar… y eso está mal, pero si vas al sur… y te dicen esto está mal pero me han dicho que… y yo me dije ¿y si me voy a casa?. Aquí estoy.
Epílogo
Lo anterior no es una justificación, ni tan siquiera una explicación. Simplemente una aviso a navegantes, es mi experiencia y sería interesante que además de escuchar a los que ven maravillas en la India, también sepan que hay personas, alguna, que como yo hemos tenido una visión distinta.